FORMACION

Nuestra vida comunitaria es una vida sencilla y fraterna.

 

  

   La Eucaristía es la fuente y culmen de nuestra vida. En torno a toda la liturgia gira nuestra vida comunitaria.


 

   Como en toda comunidad religiosa, se requiere que quien quiera pertenecer a ella, lleve un proceso de formación que le lleve a conocer la Orden, amarla y vivir el carisma del Fundador.

ETAPAS DE FORMACIÓN

    El objetivo central del proceso de formación es la preparación de la persona para la consagración total de si misma a Dios en el seguimiento de Cristo, al servicio de la misión (Vita consecrata 65)

La formación es un proceso vital a través del cual la persona se convierte al Verbo de Dios desde lo más profundo de su ser y, al mismo tiempo, aprende el arte de buscar los signos de Dios en las realidades del mundo. (VC 68)

  

Puesto que la formación debe ser también comunitaria, su lugar privilegiado, es la comunidad. Es en la fraternidad en donde cada uno aprende a vivir con quien Dios ha puesto a su lado, aceptando tanto sus cualidades positivas como sus diversidades y sus límites. Aprende especialmente a compartir los dones recibidos para la edificación de todos.

  

PRIMERA ETAPA DE FORMACIÓN: ASPIRANTADO

   El aspirantado es el primer contacto con nuestra  vida de comunidad, a él llegan las chicas que sienten inclinación hacia la vida religiosa, con el fin de convivir con nosotras y conocer nuestra forma de vida.

   La finalidad del aspirantado es proporcionar a las aspirantes una progresiva adaptación al género de vida que pretenden abrazar, y les prepare para iniciar más conscientemente el postulantado.

SEGUNDA ETAPA DE FORMACIÓN: POSTULANTADO

   La duración del postulantado es de 6 a 18 meses. Durante este tiempo las postulantes están sujetas a la clausura.


    Su finalidad es facilitar a las que se sienten llamadas a la vida monástica, un conocimiento más real de la vida monástica y que así ellas  puedan valorar libremente su determinación. Las postulantes participan prudente y progresivamente de la vida de la comunidad.

                                                           

   Este es un tiempo necesario en la formación, y exigido por nuestras propias constituciones  pues antes de ser admitidas al noviciado las candidatas deben tener una preparación humana y espiritual necesaria para una eficaz iniciación en la vida consagrada. 

 

TERCERA ETAPA DE FORMACIÓN: NOVICIADO

   El noviciado es el período de iniciación en la vida religiosa que concluye con la profesión. Constituye una etapa formativa insustituible y privilegiada.

   El fin del noviciado es procurar a las novicias una sólida formación religiosa. Las novicias deben conocer y experimentar el modo de vida que un día han de profesar.

Para ello se ejercitarán en la oración y en guardar la unión con Dios, en la caridad fraterna sincera y abierta, nutriendo su espíritu en la Sagrada liturgia

   El ejercicio físico es importante para el cuerpo y para el espíritu, por tanto como parte del proceso de formación todas tienen un tiempo y espacio para realizarlo.

 

   Las novicias toman parte en los trabajos comunitarios del monasterio, en los cuales se van imponiendo en los oficios,  aprendiendo para el día que profesen puedan realizarlos con obediencia y responsabilidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCERA ETAPA DE FORMACIÓN: LA PROFESIÓN SIMPLE 

   Las novicias concluyen el camino de iniciación con una opción fundamental que se expresa en la profesión religiosa, temporal.

   Terminado el tiempo de noviciado, si la novicia es admitida emite su profesión simple.

   En la cual se compromete durante una año, en los consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia), todo esto públicamente ante la iglesia.


 

 

 

 

 

   Durante los años de votos simples temporales, las profesas continúan la formación espiritual y doctrinal recibida en el noviciado. Esta debe ser una intensa preparación a la definitiva profesión.

 

 

 

 

 

 

 

 

LA FORMACIÓN PERMANENTE 

   La formación consiste en ser cada vez más discípulo de Cristo, en crecer en unión con él y en configurarse con él. El religioso se apropia cada vez más profundamente de los sentimientos de Cristo, compartiendo su total oblación al Padre y el servicio fraterno a la familia humana.  (Elementos Esenciales 45)

   Nunca puede decirse que un ser humano haya terminado su proceso de formación, pues mientras más se va conociendo, mas descubre la necesidad que se tiene de ir creciendo en la fe, en el conocimiento de Dios y en la práctica de la virtud. Por ello necesitara constantemente formándose.

 


   El primer objetivo de la formación permanente es el crecimiento integral de la persona, hacia su plena realización en Cristo, con las modalidades propias del carisma del fundador.

 

 

 

   La formación permanente es una exigencia intrínseca de la consagración religiosa. (VC 69)

 

   Nos dice el Beato Juan Pablo II, en Vita Consectrata (Nº 69): Ninguna fase de la vida puede ser considerada tan segura y fervorosa como para excluir toda oportunidad de ser asistida y poder, de este modo, tener mayores garantías de perseverancia en la fidelidad, ni existe edad alguna en la que se puede dar por concluida la completa madurez de la persona.


 

 

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